sábado, 22 de diciembre de 2012


Capítulo 5
Las cadenas de la noche

El día amaneció frío y pesado, seguido de unas nubes tan oscuras que la nueva base de Dark se perdía entre ellas. Miró hacia la tierra, aburrido.

-Con ese Kyle en tierra, no puedo hacer mucho... - susurró para si mismo - ¿Qué podría hacer?

La niña que le ayudó en la matanza, Yami, admiraba una bomba con sumo interés.

-Pon una bomba en su casa.

-No idiota, ¡La necesito viva!

-Ponla cuando estén todos en la casa menos ella.

El joven suspiró, pensando en que no valía la pena preguntar a una niña de nueve años acerca de planes así, se tumbó en su jardín de nubes negras y árboles marchitos, disfrutando del grotesco paisaje.

-Yami, ¿Te apetece ir al mar?

-No. Yo quiero ir al bosque.

Dark se levantó e hizo un portal que daba al bosque que tenían unos kilómetros por debajo de ellos.

-Ve, yo debo hacer una cosa en el océano.

Yami cruzó entusiasmada el portal, no sin que antes, Dark le quitara los explosivos que llevaba encima.

-En el bosque no, lo sabes.

Tras un bufido enfadado, ambos se separaron.
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-Princesa, ¡Despierte!¡Hoy es el gran día!

Aqua despertó aturdida, estirándose en su suave cama de coral, luego miró a su tan preciado consejero.

-Buenos días Mike, ya sé que es mi cumpleaños y coronación.

-Vamos, debes prepararte.

En un suspiro, Aqua echó a su amigo de la habitación y empezó a prepararse. Era la futura reina del océano,  no aparentaba más de dieciséis años, pero la verdad era que estaba más que preparada, pues tenía más de seiscientos años, y lo mejor era que no envejecía.

Peinó su larga cabellera azul, un color propio de las sirenas, y se puso su vestido favorito, era largo, de color lavanda, acabado en un precioso encaje, las mangas acababan igual, y el vestido dejaba los hombros al aire, además, le llegaba por las rodillas.

Sí, las rodillas. Aqua era la sucesora por el hecho de ser ninfa, sirena y humana a la vez, sin embargo, no le gustaba convertirse en sirena, ya que no estaba acostumbrada. Se puso una cinta hecha de pequeños lapislázulis y salió hacia la sala del trono, donde le esperaban al menos dos mil criaturas venidas de todo el océano. Tras los votos y el discurso, Mike procedió a la coronación.

Aqua cerró los ojos mientras sonreía, pero los gritos que resonaron por toda la sala la alarmaron. Al abrirlos, vio que unos tentáculos hechos de oscuridad habían empezado a volver piedra a todo aquel que tocaban, y empezaron a pintar de negro todas las superficies sólidas, Mike y los guardias sacaron a la princesa de allí al instante.

Corrieron, corrieron por todo el castillo hasta llegar a la torre más alta, la única que aun no había sido invadida por aquella extraña oscuridad. Mike la empujó hacia la superficie.

-¡Mike!¡Ven conmigo!

El joven negó con la cabeza, y los ojos azules de ambos se cruzaron.

-Yo no puedo salir - miró su pie, ya convertido en piedra -, pero tú sí, escapa mi princesa.

Aqua empezó a nadar, pero no sin antes besarle con tristeza, sabiendo que sería su primer y último beso, apenas se separaron, el joven terminó de convertirse en piedra.

La princesa nadó, mientras sus lágrimas se confundían en el agua, antes de salir, miró su castillo, ahora una masa de piedra negra, llena de estatuas que un día fueron los que la amaban. Luego miró a la superficie, allí encontró el origen de los tentáculos. Nadó con furia.

-¡Tú!¡Maldito bastardo! - gritó al joven que se alzaba flotando sobre el agua - ¡Devuélveme mi reino!

El chico la miró, sus ojos, como dos esferas de sangre, se posaron sobre ella con superioridad.

-Solo necesito... A la princesa.

Aqua notó como se estaba acercando a ella, e intentó escapar, pero al hacerlo, los tentáculos la inmovilizaron allí donde estaba, y el chico posó su mano en su pecho, introduciéndose en el como si de verdad fuese agua. Aqua conocía ese hechizo.

-¡No toques mi alma!

-Demasiado tarde...

Entonces un dolor punzante empezó a herir cada poro de su piel, se retorció tanto como los brazos de oscuridad le permitían, notaba como su alma era apretada por las manos de aquel chico, que sonreía de la forma más siniestra que nadie habría imaginado jamás.

-A partir de ahora, todas las noches servirás al mal.

-¡No!

-Sí...

Entre lágrimas, la visión de Aqua se fue oscureciendo, mientras aquel desconocido reía con una ninfa desmayada en su poder.

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Eran ya las once de la mañana, y la humedad que las gotas de rocío dejaban en el bosque empezó a desaparecer. Yami paseaba relajada por el sendero del bosque profundo. A pesar de que era siniestro y oscuro, a Yami le parecía tan hermoso como las bombas, suspiró de placer pensando en una habitación llena de las bombas más extrañas del mundo, que algún día pensaba poseer.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se fijó en el niño que había tumbado en el camino, el choque y la caída fueron inevitables. El muchacho la miró sorprendido
.
-¡Una niña!

-Sí, lo soy, me llamo Yami... - dijo mientras se levantaba y se sacudía la sucia falda del vestido negro.

-Mi nombre es Hikaru.

Yami sonrió y empezó a acariciar su pelo blanco, mirando sonrojada los ojos violeta del niño.

-¿Quieres hacer fotos conmigo? - dijo sonriendo el niño mientras miraba a los ojos amarillos de la recién llegada.

-No sé usar cámaras.

-¡Yo te enseño!

Pasaron casi un cuarto de hora sentados en medio del camino, mientras Yami miraba con los ojos muy abiertos como Hikaru le explicaba las funciones de la cámara.

-Y... Así se ponen los efectos, con esto puedes ponerlas en blanco y negro, cosas así.

-Es complicado...

-Ya verás como aprendes enseguida. 

Pasaron hasta la hora de comer haciendo fotos, las de Yami eran torpes y principiantes, pero las de Hikaru eran casi una obra de arte. Luego fueron a casa de Hikaru a imprimirlas. Era un gran castillo de piedra negra, rodeado de un siniestro jardín donde las rosas eran de colores oscuros, Yami corrió maravillada por aquel lugar.

-¡Qué casa más bonita!

-Mi hermano es buen decorador, ¡Kai!¡Tengo fotos nuevas!

Kai salió del castillo con un traje de corbata negro, mirando a Yami con aire calculador, luego miró a su hermanito.

-¿Más?

-Sí, quiero regalarlas a Yami, es mi amiga.

Fue entonces cuando el rostro del hombre cambió a una sonrisa, no era demasiado amable, pero mostraba confianza hacia la niña.

-Los amigos de mi hermano son mis amigos.

Yami sonrió incómoda. El aura de ese chico le mostraba cosas incluso más siniestras que las de Dark, lo miró algo asustada.

-¿Conoces a Dark?

Las pupilas de Kai se contrajeron de forma sorprendente, y sin dejar de mirar al horizonte, empezó a juguetear con una hoja que cayó en su mano.

-Sí, tengo entendido... Que quiere apoderarse del mundo, o algo así.

-¿Porqué no haces equipo con él? Va a conseguir una nueva recluta llamada Aqua.

-¿Aqua...? - sonrió de manera más amplia y calculadora -. Bueno, lo pensaré.

Kai chasqueó los dedos y la cámara del niño se rodeó de una esfera negra, luego volvió a sus manos junto con un taco de fotografías.

-Toma.

Hikaru le dio algunas de las fotos a Yami, la mayoría eran fotos donde salían ambos con un bello paisaje detrás.

-Para ti.

-¡Gracias!

Ambos niños sonrieron para sus adentros, pero Kai ya se había ido a su castillo, donde bajó a los subterráneos. Abrió una ventanilla en una puerta, era una celda.

-Hola querido Akio.

Un joven rubio, con los ojos vendados, alzó la cabeza, gruñó algo incomprensible.

-¿Sabes? Acabo de encontrar un medio para poder reconciliarme con tu querida hermana Yukino.

-No... Ella... Odiarte... - balbuceó.

Kai hizo caso omiso a la frase, luego cerró la ventanilla entre risas, mientras pensaba en como hacer un portal hasta su futuro aliado Dark...

Nota: Gracias a Yukino-san por la imagen de Yami y Hikaru

sábado, 15 de diciembre de 2012

Capítulo 4 (Parte 2)

Suzumi se estiró mientras andaba hacia la parte profunda del bosque, no quería seguir cerca de esa psicópata de Saya. Así que un paseo le vendría bien para relajarse. Por el momento no había andado mucho y solo estaba al linde del jardín de Tara, era un espacio lleno de flores y ríos, con escaleras de piedra y grabados de hadas. A Suzumi le gustaba pasear por aquí.

Llegó al final, pero no paró, ya que había visto una especie de conejo ir hacia la parte profunda, era rojo, así que pensó que podría estar herido. Lo siguió hasta llegar a un claro, iluminado por la luna, se quedó mirándola un largo rato y de pronto notó una sensación de sueño, y se durmió en ese mismo lugar.

Al menos, lo intentó, porque unas pocas horas después, cuando las últimas estrellas desaparecían del cielo, notó un húmedo hocico en su frente. Al abrir los ojos, vio que era el conejo.

-¡Vaya!¡No estás herido! - exclamó - Es tu color natural.

Iba a levantarse, pero el extraño conejo le robó el collar que llevaba puesto, y echó a correr, así que la chica fue atropelladamente tras él. Ya iba a dar el colgante por perdido cuando se tropezó con alguien.

-Disculpe señor... - alzó la vista y observó a la persona con la que se había chocado.

Era un joven de unos veinte años, su pelo era de un verde azulado, que parecía brillar sin sol. Tenía una sonrisa cálida pero ausente. Iba vestido con traje y corbata, y un gracioso sombrero de copa alta, adornado con dos cartas de póker. Al mirarlo a los ojos, notó que eran distintos. Uno era del color de su pelo, y el otro era naranja intento, que brillaba como una pequeña bombilla.

-Hola, ¿Esto es tuyo? - dijo el joven, su voz era suave y pausada, cargada de paciencia. De su mano colgaba el collar de Suzumi.

-Sí, ¡Gracias!

Una sonrisa mutua hizo sonrojar a Suzumi, nunca había visto a un chico tan extraño, y realmente le entró curiosidad. Así que tras presentarse, estuvo todo el día hablando con él. Su nombre era Ryu, Ryu Kirishima, y era mago. Lo cual reveló a Suzumi la razón por la que sentía ese extraño zumbido al verle.

Suzumi no había caído en la hora que era hasta que miró al cielo. Atardecía. Así que se despidió y se fue con Tara, donde se relajó al ver que Saya no estaba. Al día siguiente fue a ver a Ryu en el claro del bosque, donde volvieron a pasar varias horas hablando, realmente le agradaba la presencia del joven.

Iban a seguir hablando cuando de pronto Ryu la abrazó, como si le hubieran empujado. Se disculpó muy rápido y se apartó aun más. Luego miró serio hacia un árbol.

-Hikaru, no deberías jugar con muñecos vudú. Es peligroso.

Entonces de aquel árbol bajó un niño de pelo negro y ojos violeta. Como máximo tendría nueve años, y su sonrisa era tan traviesa que te sentías con ganas de hacer travesuras solo de verlo.

-Cállese Ryu, usted es muy viejo para coquetear.

-Pero serás... - susurró Ryu - Suzumi, espera aquí, tengo un asunto pendiente.

Entonces los dos chicos empezaron a correr, Ryu perseguía al niño, que al parecer se llamaba Hikaru. Suzumi se sentó en un tronco, resignada, para esperar a Ryu.

Pasados unos minutos, la chica tuvo un escalofrío, y se levantó, mirando asustada a su alrededor, pero no vio nada.

Iba a sentarse de nuevo cuando logró ver algo, pero casi prefirió no verlo, pues en la espesura brillaban dos ojos de color rojo, que parecían luceros en una noche sin luna.

-¿Quién anda ahí? - dijo ella tartamudeando.

Los ojos salieron de la oscuridad, para dar paso a un joven alto y esbelto, con el pelo tan negro como el carbón, con una mecha de color rojo. Tenia una sonrisa siniestra en la que mostraba dos grandes colmillos.

-Hola, pequeña, ¿Sabes qué hora es?

Suzumi inspiró y miró el reloj, informando de que eran las ocho de la tarde.

-¡Perfecto! - dijo el misterioso chico - Es la hora de la cena, y tu tienes pinta de estar deliciosa.

Suzumi se percató de que las manos del joven estaban manchadas de sangre recién derramada, eso la hizo estremecerse y salir corriendo, pero el chico se transportó a su lado.

-¿Dónde vas? Esto solo acaba de empezar.

-¡Sueltame!

El hombre la acorraló con rápidos movimientos, y sus colmillos se acercaron lentamente a su cuello, mientras Suzumi lloraba del miedo, ya que la había paralizado. Pero notó como el rostro del chico cambió a una punzada de dolor, y ambos miraron detrás de él, y vieron a Ryu sujetando una vara de mago.

-¿Ryu?¿Qué haces atacando a tu maestro? - dijo él, severo.

-No la toques, Kai.

-¿Ahora me llamas por mi nombre? - Kai se acercaba lentamente a su aprendiz - ¿Quieres pelea?

Sin responder, ambos empezaron una lucha corta y desastrosa, en la que Ryu terminó inmovilizado bajo los potentes brazos de Kai.

-¿Sabes cuál es el castigo al oponerse a tu maestro?

Ryu tragó saliva y cerró los ojos cuando Kai sacó su lanza, la cual enterró en su costado sin pensarlo dos veces. Suzumi se quedó horrorizada y cayó de rodillas.

-¡No!¡Ryu! - miró a Kai con desprecio - ¿¡Porqué le has hecho eso!?

Kai la miró indiferente, y puso la mano en la herida, curando a su alumno, que se levantó apenas tuvo fuerzas. Se miraron a los ojos unos segundos, y Kai sonrió, como si hubiese comprendido algo.

-Está bien, ya me voy - dijo -. Entiendo lo que has hecho.

Dicho esto, desapareció. Ryu se acercó a Suzumi, que aun estaba consternada en el suelo.

-Tranquila, estoy bien, el castigo no implica asesinato.

-¿Por qué me has protegido? Era tu maestro.

Ryu desvió unos segundos la mirada, mientras se mordía el labio, luego cerró los ojos y besó a Suzumi con pasión. Ella se quedó tan sorprendida que se quedó paralizada. Cuando se separaron la abrazó.

-Digamos que creo en el amor a primera vista.

Ambos sonrieron tontamente, no sabían que decir, pero el canto de un pájaro alertó a Suzumi.

-Tara me llama para cenar, ¿Quedamos mañana?

-Cuando quieras, Suzumi.


lunes, 10 de diciembre de 2012


Capítulo 4
En lo profundo del bosque
(Parte 1)

Tras unos días explorando los alrededores, White se sintió con más seguridad para ir al fondo del bosque, pero visitando el jardín de Tara, se perdió. Se dio cuenta cuando los árboles del camino se tornaron oscuros y siniestros, y no cantaba ningún pájaro en las copas de éstos. Le vino un largo escalofrío.

Se disponía a irse, pero un picante olor alcanzó sus fosas nasales, era el olor de la sangre. Miró a su alrededor, decidiendo si podría ser alguien en peligro o un asesino... Con alguien en peligro. Ambas cosas requerían su atención, así que se puso a mirar por los alrededores, iba a darse por vencido cuando pisó hierba de color rojo, y un poco más allá yacía descuartizado el cuerpo de un joven de apenas veinte años. A su lado había una niña llorando, arrodillada en el suelo. Llevaba un vestido blanco, ahora manchado de brillante sangre. Su pelo era largo y del color de las hojas de un roble en verano, era largo y le llegaba casi a las rodillas, sus ojos también eran verdes. No tendría más de quince años.

-¿Qué ha pasado? - dijo White.

-Un hombre con un cuchillo ha atacado a mi hermano y lo ha matado... - sollozó.

White miró alrededor buscando algún sujeto en fuga, pero no vio a nadie.

-Quédate aquí, yo iré a buscar a alguien.

Se giró, por un momento se asustó de pensar que la humana le había visto las alas, pero recordó que las llevaba ocultas bajo un abrigo. Andó algunos metros más allá del cuerpo, no había nadie.

-¿Por dónde se...?  - empezó a decir, pero al girarse, la niña ya no estaba.

Iba a ir a buscarla, pero la joven se descolgó de una rama, golpeándolo por detrás.

-Tranquilo, ya has encontrado al asesino...

-¿Tú...?

-Sí, y ahora tú serás el siguiente, te ves joven y suculento.

White, se levantó de tal modo que el abrigo cayó de su espalda, dejando sus aun rojizas alas al descubierto. Pero ya no importaba, pues los verdes y crueles ojos de la niña hacían obvio que de humana, tenía poco.

La joven se abalanzó sobre él con gula, murmurando que las alas serían el postre. Pero White la inmovilizó sin esfuerzo y la paralizó. Era muy débil.

-¿Qué demonios eres?

-¡Nunca te lo diré, gallina gigante! - farfulló.

White frunció el ceño ante la burla.

-No voy a matarte, solo quiero intentar dialogar.

La chica gritó palabras en otro idioma, seguramente insultos, y tras varios intentos inútiles de liberarse, suspiró.

-Me llamo Saya.

-Yo soy White. ¿Qué eres?

-No puedo revelarlo.

-¿Qué haces aquí?

-Tampoco puedo revelarlo.

White, apretó un poco más el brazo, haciendo que la parálisis le provocara punzadas de dolor a la chica.

-¡Está bien!¡Lo diré todo! Pero solo si prometes no interferir en los planes que te cuente.

-Lo veo justo.

Bufó, volvió a farfullar algo en palabras de otro idioma y suspiró.

-Vengo de otro mundo para estudiar a los humanos, para luego alimentarme de ellos y destruir su mundo.

Esa frase fue equivalente a un golpe de maza para White. ¿En serio pensaba que no intervendría en unos planes tan atroces como esos?

-Lo siento, pero rompo el trato. No puedo permitir que hagas tal cosa.

-¿Qué?¡Suéltame!

-¿Has intentado estudiar algo más que sus órganos?

-No. Solo necesito saber si son comestibles.

White suspiró de impaciencia.

-Mira, una idea, te propongo estudiar el comportamiento de los humanos durante unas semanas, para que veas que son algo más que carne. Además en este mundo no solo hay humanos, hay millones de criaturas más. Todas distintas y con hábitos muy diferentes. ¿Quieres al menos ver el comportamiento de algunos de ellos?

Saya gruñó, se mostró claramente reacia a hacer tal cosa, pero al cabo de unos minutos se rindió y miró con desprecio a White.

-Está bien. Pero si no me gustan los pienso destruir igual.

White se encogió de hombros.

-Bueno... Entre los seres de este planeta tampoco se llevan bien todos. Hay mucho odio... - pensó en su hermano y su rostro se tornó frío, pero sacudió la cabeza y se esforzó por sonreír. - Ya debe de ser hora de cenar, ¿Quieres venir?

-¿Qué cenáis?

-Eso suele ser sorpresa, vamos.

Saya caminó miedosa tras los pasos de White, pensó en salir corriendo pero la parálisis dolía mucho y seguramente el joven era más rápido que ella. Así que se resignó y lo siguió hasta los pies del árbol, subieron volando para ahorrar unos minutos. Tara les abrió la puerta con entusiasmo.

-¿Ya estás haciendo amigos? - dijo sonriendo.

-Sí... Algo así... - murmuró White sonriendo, Saya estaba escondida detrás de él.

Kasumi la sacó de un tirón.

-No seas tímida, hay sitio para todos.

Suzumi estaba comiendo unas onzas de chocolate en el sofá, y Kyle miraba a la nueva con recelo, como llevaba haciendo con todos durante días, aunque poco a poco se mostraba más amigable.

Al cabo de unos minutos estaban todos en la mesa, charlando alegremente comentando su día, las fuentes de comida iban aquí y allá repartiéndose en los platos de los presentes, Saya fue la única que no comía nada.

-Saya, ¿No tienes hambre? - preguntó Tara al ver que su plato de verdura estaba intacto.

-No... Es que no sé qué es esto.

-Se llama verdura, ¿Nunca has comido?

-No, solo como carne.

-Ah, entonces puedo prepararte algo, tengo cordero y vacuno, ¿Cuál prefieres?

-Normalmente como de... - tragó saliva - humano.

Un incómodo silencio se apoderó de la sala en un instante, Suzumi se revolvió en su asiento, notando que era la más humana de los presentes. Tara miró a White, y por telepatía le preguntó de donde la había sacado, que le daba miedo. Pero para su desgracia, Saya sabía leer mentes, y triste, salió corriendo de la casa. White fue a buscarla, no sin antes mirar a sus amigos.

-Intento volverla más... "Humana". Intentad no ser tan malos con ella, por favor.

Todos se encogieron de hombros y siguieron comiendo en silencio, dando a entender su negativa, excepto Tara, que afirmó en silencio con una forzada sonrisa.

En ese momento White fue a buscarla, y en la mesa se notó que Suzumi se había ido. En un suspiro, la cena terminó, con White animando a Saya, y Suzumi adentrándose en el bosque profundo.


lunes, 29 de octubre de 2012


Capítulo 3
Las llegadas

Después de un suculento desayuno, White agradeció a Tara su hospitalidad, y decidió andar un rato por el bosque, para conocer mejor la zona. Cuando salió, Tara decidió hacer lo mismo pero con su amiga Kasumi, iban todos los días a hacer la ronda por el bosque, que consistía en curar plantas y vigilar de maleantes o cosas malignas.

Charlaban tranquilamente entre ellas, cuando se cruzaron con White, se había perdido, así que decidieron volver a casa. Pero por el camino, Kasumi se paró en seco, y pegó su oreja a un árbol muy grande que tenía justo al lado.

-¿Qué dice, Kasumi? - preguntó Tara.

-Una presencia humana desconocida...

Rápidamente, ambas se convirtieron en humanas, y puesto que White no sabía hacerlo, la ninfa hizo crecer alrededor suya un arbusto espeso para ocultarlo. Instantes después vieron movimiento tras unos árboles un poco más allá. Se quedaron mirando el árbol muy quietas.

De pronto apareció una chica. Tendría casi su edad, era morena y con el pelo corto, llevaba parte del pelo sujeto por una cinta amarilla, sus ojos eran de color miel, y brillaban divertidos al haber encontrado a alguien en pleno bosque. Vestía un uniforme escolar, compuesto por una falda corta de color azul, y un suéter de marinero azul y blanco, llevaba unos calcetines marrones y unos mocasines. Arrastraba una pesada maleta marrón.

-¡Hola! ¿Sabéis dónde podría encontrar un hotel?

Tara sonrió pensando en su propia casa, pero era una mala idea cuando era una humana, así que señaló hacia el poblado, que quedaba a varios kilómetros.

-El poblado está allí, ¿Cómo has llegado a la zona profunda del bosque?

-A pie. Ese pueblo es demasiado ajetreado, y supuse que alguien haría algún hotel en el campo, como hacen en mi ciudad...

Iba a irse, pero se quedó mirando a las dos chicas con detenimiento. Luego miró al arbusto donde estaba White, y para horror de las chicas, lo quitó, dejando a White a plena vista.

-¿Tú no saludas? - dijo, divertida.

Todos se quedaron claramente sorprendidos, y la miraron curiosos. Ella se encogió de hombros.

-Podéis mostrar vuestra forma, se que sois un hada y una ninfa. - antes de que ellas se escandalizaran sonrió - Soy Suzumi, estudiante. Pero el gobierno me persigue y busco refugio por los pueblos perdidos.

-¿El gobierno? - dijo Kasumi - ¿Porqué buscarían a una niña como tú?

-Por mis poderes - dijo algo fría - No soy del todo humana, poseo ciertos dones, como detectar la magia o crear diversos instrumentos.

Al final Tara pudo traer a Suzumi a vivir con ella, así que esa noche cenaron los cuatro juntos. Suzumi se adaptó muy bien a la casa, y aprendía las costumbres de tres seres mágicos distintos a la vez. Era como una niña pequeña, mirando todos los rincones.

Cuando la cena terminó, Kasumi decidió dormir en casa de Tara, ya que la suya quedaba muy lejos y por la noche el bosque era peligroso.



Serían las tantas de la madrugada, pero Tara se quedó en su balcón, mirando el firmamento con quietud y añoranza. Ella había pasado por muchas cosas, había perdido a sus padres adoptivos antes de que la llevaran a ver a sus biológicos. Se quedó en una escuela de magia donde se hizo hechicera, pero alguien robó el alma de su maestro y lo asesinó. Y para finalizar la tragedia, cuando por fin encontró su lugar entre sus semejantes las hadas, abandonaron el bosque por presencias malignas. Una lágrima rodó por su mejilla.

-Solo Kasumi ha estado ahí... White y Suzumi se irán apenas sus asuntos pendientes puedan realizarse, y yo volveré a quedarme sola en el inmenso bosque... - susurró, apenada.

Iba a volver a la cama, pero una gran luz iluminó el cielo nocturno, era un gran meteorito que se estrelló en pleno bosque, pero para sorpresa del hada, no hizo el menor sonido. Pensó que podría ser algo importante, así que voló rápidamente hasta el lugar en el que esa cosa se estrelló. Tras buscar entre el humo, encontró en el suelo a un chico. Un chico poco mayor que ella, era extraño, pues tenía orejas de gato y alas en la espalda. Estaba desmayado.

-¿Chico?¿Me escuchas? - dijo Tara mientras lo sacudía, pero solo logró que gruñera.

Suspiró y mediante un sencillo movimiento de dedos lo levantó en el aire, y lo llevó volando hasta su casa, donde lo puso en un sofá y le curó las pocas magulladuras que el aterrizaje le había provocado.

Apenas unos minutos después, despertó. Sus ojos eran del color del mar, azul claro. Su pelo y orejas eran de un suave color crema, vestía una curiosa túnica blanca con pantalones del mismo color. No llevaba zapatos.

-¿Estás bien? - preguntó el hada, preocupada.

-¿Eres Tara? - dijo secamente.

-¿Cómo sabes... Mi nombre? - susurró ella.

Él se levantó de un salto y le cogió la mano, la cual besó con delicadeza.

-Soy Kyle Hinomoto, tu guardián y protector, estaré aquí para lo que necesites.

-¿Protector?¿Guardián?¿De qué hablas?

Él la miró como si no entendiera.

-¿Nadie te ha contado que eres la que salvará al mundo?

-No - dijo Tara, rodando los ojos - Y gracias por hacer que me entere de ese modo...

Kyle carraspeó ligeramente, pero antes de hablar, algo le golpeó la cabeza, dejándolo de nuevo inconsciente. Tara miró detrás de él asustada, mientras una extraña figura salía de las sombras. Era alguien vestido con una capucha negra, alzó la mirada, y en la oscuridad brillaron dos ojos rojos como la sangre.

-Hola, querida - dijo la figura.

-¿Quién eres? - susurró Tara, alejándose poco a poco hacia la cocina.

El desconocido se dejó bañar por la siniestra luz de la luna llena, y ante Tara se quitó la capucha. Un pelo más o menos como el de White cayó por sus hombros, de un negro más oscuro que el carbón, además, unas alas negras brillaron bajo la luna. Con suaves destellos negros. Sonrió y mostró unos finos colmillos, parecidos a los de un vampiro pero más pequeños.

Tara abrió los ojos claramente asustada y cogió un cuchillo de la repisa, dirigiéndolo hacia él.

-Eres Dark, el gemelo de White.

-Puedes llamarnos los gemelos Pit. - dijo con una sonrisa siniestra y seductora.

Dark se acercó con ligereza y le quitó el cuchillo en apenas un segundo, paralizó a Tara y la sujetó en sus brazos, acercándose mucho a su rostro.

-¿Te gustaría ser la reina del nuevo mundo?

Iba acercando lentamente la mano hacia su pecho, dispuesto a robarle el alma como hizo con el guardia de la ciudad de los ángeles. Pero un filo plateado se cruzó entre ellos, lo que provocó que soltara a Tara, liberándola de su parálisis.

Cuando Tara se levantó, vio a Kyle con una enorme espada delante de ella, estaba protegiéndola de Dark. La miró de reojo.

-¿Estás bien?

-Sí, gracias Kyle.

Dark frunció el ceño, no podía arriesgarse a una pelea contra un guardián tras un uso de poder excesivo como lo fue la invasión. Así que sonrió de manera siniestra y se fue transformado en un humo negro.

Kyle hizo desaparecer la espada y miró a Tara.

-¿Qué intentaba hacer? - preguntó ella.

-Robarte tu alma para usarla de fuente de poder, si la obtiene podría invadir el mundo.

Tara suspiró y lo miró.

-Imagino que tu deber es quedarte en esta casa conmigo... Voy a buscarte una habitación.

-No, yo debo dormir en tu habitación.

Ella lo miró de manera extraña, preguntándose si haría algo extraño.

-Tranquila, no te haré nada malo, solo vigilaré. - dicho esto se convirtió en un gato color crema, pequeño como una caja de zapatos - estaré así si te incomoda menos.

Ella sonrió y lo llevó a la habitación, si no había otro remedio debería acceder, así que le preparó unas mantas en el sillón de su habitación. Y en un suspiro, se durmió, intentando asimilar las increíbles experiencias de ese día...



sábado, 27 de octubre de 2012


Capítulo 2
Magia

Los rayos del sol se colaban traviesos entre los árboles, era mediodía, y el sol quemaba con fuerza en el bosque de Fukoshi. Era un bosque tranquilo y peculiar, ya que en él habitaban numerosas criaturas mágicas. En particular ninfas y hadas de la naturaleza.

Una pequeña mariposa se posó en la nariz de una joven que dormía al pie de un árbol, lo cual le produjo cosquillas y la despertó. Al levantarse, unas alas similares a las de la mariposa aparecieron en su espalda, eran grandes, violetas y membranosas; la chica se peinó su larga cabellera blanca. Era un hada.

Se quitó la hierba de su vestido lavanda y se puso a andar por el bosque con tranquilidad, curando algunas plantas y charlando con los árboles. Pero de pronto se paró en seco y miró hacia arriba. Notaba algo extraño, así que subió volando por encima de las frondosas capas de los árboles. Una vez allí escrutó el cielo con precaución.

Al momento divisó una mancha blanca en el cielo, era una especie de pájaro enorme. Al fijarse mejor, notó que era un ángel que caía debido a que sus alas estaban heridas. Parecía inconsciente mientras caía, ya que no podía ni moverse.

El hada voló a toda velocidad hasta él, intentó sujetarlo pero pesaba demasiado y por la inercia de la caída apenas pudo sujetarlo dos segundos, al menos, fue suficiente como para frenar un poco su caída. Atravesó las hojas de los árboles y se perdió de la vista de la chica, que volaba frenética hacia allí.

Cuando llegó, se encontró al ángel en el suelo, en medio de un charco de sangre muy roja y brillante. Era moreno y con el pelo ligeramente largo. A su lado, una chica con el pelo azul muy claro lo examinaba con quietud. Alzó la mirada cuando el hada llegó.

-Hola Tara, te he visto intentando detener la caída del chico.

-Kasumi - dijo ella, preocupada - ¿Cómo está?

-No muy bien... - susurró ella - tiene los órganos destrozados y no sobrevivirá a menos que yo intervenga.

-¿A qué esperas, pues?

Kasumi sonrió, y poniendo la mano en el pecho del ángel, murmuró unas leves palabras que nadie llegó a entender, y sus ojos se pusieron de todos los colores. Los mismos que surgieron en forma de luz cuando su mano se iluminó.

Hubo un largo momento de tensión mientras Kasumi curaba, pero el chico inspiró profundamente y abrió los ojos, eran azul oscuro, profundos como el mar. Miró a las chicas asustado.

-¿Dónde estoy?

-En la tierra, ¿Qué te ha pasado? - preguntó Tara, arrodillándose junto a él.

-Mi... Hermano, ha invadido mi ciudad y matado a todos.

Tara y Kasumi cruzaron una mirada de desprecio.

-Que ser tan cruel...

El ángel sonrió triste y miró al cielo. Su caída había hecho un agujero en la copa de los árboles, y desde allí se podía ver una nube negra en lo más alto del cielo, apenas se podía ver bien. Luego miró a las dos criaturas que lo habían salvado.

-Mi nombre es White Pit, un ángel guerrero.

-Yo soy Tara, un hada de la naturaleza.

-Y yo Kasumi, una ninfa de... ¿Lo mismo? - rió su propio chiste - ¿Dónde irás ahora?

-No puedo ir a por mi hermano Dark aun, estoy muy débil y vuestra magia curativa no ha afectado a mis alas. - dijo mirando sus rojizas alas, manchadas de su propia sangre - me tomará varios meses curarme de esto.

Tara lo ayudó a levantarse y los tres fueron hacia su casa.

-Puedes quedarte en mi casa del árbol durante ese tiempo. Tengo montones de habitaciones.

Llegaron a un pequeño claro, en su centro crecía un árbol de extraordinarias dimensiones, en su copa, una gran casa de madera parecía ser parte del árbol. También habían unas escaleras por dentro del tronco del árbol. White miró el árbol asombrado.

-No posee interior pero sigue vivo... ¿Cómo lo habéis hecho?

Tara le guiñó un ojo.

-Magia... Y muchos conocimientos de los árboles.

Tara le mostró el interior de la casa. Era de dos pisos, en el primero, había un desnivel formado por dos escalones que separaba la cocina del salón, el salón tenía dos sofás y una antigua televisión. Además de una mesa hecha de madera y hojas secas; para subir al piso de arriba, una hermosa escalera de caracol ascendía hasta un piso superior que formaba una especie de balcón con el inferior. Habían seis puertas. Una de ellas era la habitación de Tara, otra la futura habitación de White, luego otras dos con una cama cada una y otra habitación con dos camas. La última puerta era un baño. Las paredes parecían un árbol, todo parecía ser un árbol, de hecho. Como si en vez de construir la casa, el árbol hubiese crecido así.

White miró todo asombrado, sonrió.

-¿Te gusta? - dijo Tara sonriendo - tengo cuatro habitaciones de invitados. Tres individuales y una doble.

-¿Es un hotel? - bromeó White.

-Para seres mágicos... Pero el pago es con vuestra sonrisa.

Después de una abundante cena con la que sería su nueva familia, White se tumbó en la cama de su nueva habitación, miró por la ventana, desde allí se podía ver el pueblo, sus luces, su gente... Le recordó a su ciudad, y entre discretas lágrimas, juró vengar a todos los que perecieron a manos de Dark Pit.