viernes, 26 de octubre de 2012



Capítulo 1
La invasión

El viento soplaba con suavidad, eran las doce en punto del mediodía, y el reino de los ángeles parecía dormir bajo un veraniego sopor.
Un joven de diecisiete años, moreno, con el pelo ligeramente largo y rebelde, paseaba por las afueras de la blanca ciudad. Observaba cada punto con detenimiento, sus profundos ojos azules no paraban un momento, ese era su nuevo trabajo desde que se alistó al ejército de la ciudad celestial.

Andaba tranquilo entre las colinas nubosas, cuando llegó a la cima, desde allí pudo ver un extraño suceso en la entrada de la ciudad. Un numeroso grupo de personas que no eran ángeles se aproximaba a la puerta. Eran una veintena de personas, los dirigía un extraño personaje... Un ser temido por todos los habitantes de la ciudad: Un ángel caído.

El joven observaba completamente quieto desde la colina, tal vez solo estuviesen de paso y tras hablar con el guardia se marchasen, pero no fue así.
Tras una corta conversación con el guardia, el ángel caído puso la mano en el pecho de éste, y de alguna forma se introdujo en él. No como si atravesara el cuerpo, era como si traspasase su alma.

Al cabo de unos segundos sacó del cuerpo una esfera blanca con destellos azulados, brillaba con tal pureza que incluso el que la robó tuvo que apartar unos instantes la mirada. Acto seguido, devoró la esfera.

El guardia cayó desvanecido al suelo, como un peso muerto, el joven se alarmó al notar que le habían robado su alma. En ese momento no lo pensó más, extendió sus alas y de un salto alcanzó la entrada, se paró ante el grupo, alzando su espada.

-¡Alto! ¡Decid quiénes sois!

El ser oscuro lo miró sorprendido, y luego se rió de manera estridente, una risa siniestra y horrible. El chico se estremeció entero, pero no bajó la espada. El ángel oscuro miró al grupo de humanos, eran mercenarios.

-Encargaros de la ciudad, yo estaré hablando con mi "amigo"...

Horrorizado, el chico notó que todos echaron a correr, y a su paso dejaban un reguero de cadáveres de ángeles, intentó ir a ayudarles, pero el oscuro le detuvo, así que con su cuerno lanzó la voz de alarma, que fue respondida por otros cuernos. La ciudad inició la evacuación. Después de dar la alarma, miró complacido a su opresor. Parecía enfadado.

-No debiste hacer eso, White. - Dijo él.

El chico abrió los ojos mucho.

-¿Cómo sabes mi nombre, ser oscuro?

-Mi nombre es Dark. Y de hecho, somos hermanos.

-Imposible, no tengo hermanos... Y menos si son caídos.

-Me ofenden, ¿No te lo han contado? Bueno... Ahora ya lo sabes.

Tras esta mínima charla iniciaron una lucha con espadas. White estaba en considerable desventaja, ya que su hermano gemelo parecía haber recibido un entrenamiento muy severo y efectivo. Estaba perdido.

Pensaba en huir, pero al intentar salir volando Dark le asestó un golpe certero en el ala derecha, que empezó a sangrar, tiñendo sus alas de rojo. Cuando se recuperó del dolor, Dark  le dio una patada muy potente, que lo dejó peligrosamente cerca del borde de la  nube donde su ciudad se situaba. Dark se acercó amenazador.

-¿Tus últimas palabras?

White se limitó a hacerle un profundo corte en la pierna. Lo cual provocó que Dark lo empujara al vacío.

-Hasta nunca, hermano.

Tras unos segundos, una niña de unos ocho años se acercó a él.

-¿No querías su alma?

-Sí, pero no sobrevivirá a la caída, y si lo hace morirá por lesiones internas. Bajaré por ella cuando acabemos con esto.

La niña le dio dos almas.

-El alcalde y su mujer, la ciudad es tuya.

Dark sobrevoló la ciudad, muchos ángeles habían muerto, algunos estarían escondidos por los  altos edificios, y muy pocos había logrado huir. Mandó a los mercenarios que le entregaran todas las almas. Cuando acabó con la recolección de las almas de los fallecidos, entregó a cada mercenario tantas monedas de oro como gente habían matado. Luego los envió uno a uno a la tierra. Excepto a la niña.

-¿No te quieres ir a casa?

-No tengo casa ni a donde volver. - dijo ella. - pero llevamos tres años matando juntos, quisiera que me adoptaras como hermano...

Dark sonrió de manera extraña, como si la situación no le acabara de gustar.

-Está bien.

Dicho esto, bajó hasta el suelo y dio una fuerte patada. Entonces la oscuridad se apoderó de aquella nube, ahora un tormentoso nubarrón. Luego miró al horizonte.

-Pronto... Todo será mío.

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