lunes, 29 de octubre de 2012


Capítulo 3
Las llegadas

Después de un suculento desayuno, White agradeció a Tara su hospitalidad, y decidió andar un rato por el bosque, para conocer mejor la zona. Cuando salió, Tara decidió hacer lo mismo pero con su amiga Kasumi, iban todos los días a hacer la ronda por el bosque, que consistía en curar plantas y vigilar de maleantes o cosas malignas.

Charlaban tranquilamente entre ellas, cuando se cruzaron con White, se había perdido, así que decidieron volver a casa. Pero por el camino, Kasumi se paró en seco, y pegó su oreja a un árbol muy grande que tenía justo al lado.

-¿Qué dice, Kasumi? - preguntó Tara.

-Una presencia humana desconocida...

Rápidamente, ambas se convirtieron en humanas, y puesto que White no sabía hacerlo, la ninfa hizo crecer alrededor suya un arbusto espeso para ocultarlo. Instantes después vieron movimiento tras unos árboles un poco más allá. Se quedaron mirando el árbol muy quietas.

De pronto apareció una chica. Tendría casi su edad, era morena y con el pelo corto, llevaba parte del pelo sujeto por una cinta amarilla, sus ojos eran de color miel, y brillaban divertidos al haber encontrado a alguien en pleno bosque. Vestía un uniforme escolar, compuesto por una falda corta de color azul, y un suéter de marinero azul y blanco, llevaba unos calcetines marrones y unos mocasines. Arrastraba una pesada maleta marrón.

-¡Hola! ¿Sabéis dónde podría encontrar un hotel?

Tara sonrió pensando en su propia casa, pero era una mala idea cuando era una humana, así que señaló hacia el poblado, que quedaba a varios kilómetros.

-El poblado está allí, ¿Cómo has llegado a la zona profunda del bosque?

-A pie. Ese pueblo es demasiado ajetreado, y supuse que alguien haría algún hotel en el campo, como hacen en mi ciudad...

Iba a irse, pero se quedó mirando a las dos chicas con detenimiento. Luego miró al arbusto donde estaba White, y para horror de las chicas, lo quitó, dejando a White a plena vista.

-¿Tú no saludas? - dijo, divertida.

Todos se quedaron claramente sorprendidos, y la miraron curiosos. Ella se encogió de hombros.

-Podéis mostrar vuestra forma, se que sois un hada y una ninfa. - antes de que ellas se escandalizaran sonrió - Soy Suzumi, estudiante. Pero el gobierno me persigue y busco refugio por los pueblos perdidos.

-¿El gobierno? - dijo Kasumi - ¿Porqué buscarían a una niña como tú?

-Por mis poderes - dijo algo fría - No soy del todo humana, poseo ciertos dones, como detectar la magia o crear diversos instrumentos.

Al final Tara pudo traer a Suzumi a vivir con ella, así que esa noche cenaron los cuatro juntos. Suzumi se adaptó muy bien a la casa, y aprendía las costumbres de tres seres mágicos distintos a la vez. Era como una niña pequeña, mirando todos los rincones.

Cuando la cena terminó, Kasumi decidió dormir en casa de Tara, ya que la suya quedaba muy lejos y por la noche el bosque era peligroso.



Serían las tantas de la madrugada, pero Tara se quedó en su balcón, mirando el firmamento con quietud y añoranza. Ella había pasado por muchas cosas, había perdido a sus padres adoptivos antes de que la llevaran a ver a sus biológicos. Se quedó en una escuela de magia donde se hizo hechicera, pero alguien robó el alma de su maestro y lo asesinó. Y para finalizar la tragedia, cuando por fin encontró su lugar entre sus semejantes las hadas, abandonaron el bosque por presencias malignas. Una lágrima rodó por su mejilla.

-Solo Kasumi ha estado ahí... White y Suzumi se irán apenas sus asuntos pendientes puedan realizarse, y yo volveré a quedarme sola en el inmenso bosque... - susurró, apenada.

Iba a volver a la cama, pero una gran luz iluminó el cielo nocturno, era un gran meteorito que se estrelló en pleno bosque, pero para sorpresa del hada, no hizo el menor sonido. Pensó que podría ser algo importante, así que voló rápidamente hasta el lugar en el que esa cosa se estrelló. Tras buscar entre el humo, encontró en el suelo a un chico. Un chico poco mayor que ella, era extraño, pues tenía orejas de gato y alas en la espalda. Estaba desmayado.

-¿Chico?¿Me escuchas? - dijo Tara mientras lo sacudía, pero solo logró que gruñera.

Suspiró y mediante un sencillo movimiento de dedos lo levantó en el aire, y lo llevó volando hasta su casa, donde lo puso en un sofá y le curó las pocas magulladuras que el aterrizaje le había provocado.

Apenas unos minutos después, despertó. Sus ojos eran del color del mar, azul claro. Su pelo y orejas eran de un suave color crema, vestía una curiosa túnica blanca con pantalones del mismo color. No llevaba zapatos.

-¿Estás bien? - preguntó el hada, preocupada.

-¿Eres Tara? - dijo secamente.

-¿Cómo sabes... Mi nombre? - susurró ella.

Él se levantó de un salto y le cogió la mano, la cual besó con delicadeza.

-Soy Kyle Hinomoto, tu guardián y protector, estaré aquí para lo que necesites.

-¿Protector?¿Guardián?¿De qué hablas?

Él la miró como si no entendiera.

-¿Nadie te ha contado que eres la que salvará al mundo?

-No - dijo Tara, rodando los ojos - Y gracias por hacer que me entere de ese modo...

Kyle carraspeó ligeramente, pero antes de hablar, algo le golpeó la cabeza, dejándolo de nuevo inconsciente. Tara miró detrás de él asustada, mientras una extraña figura salía de las sombras. Era alguien vestido con una capucha negra, alzó la mirada, y en la oscuridad brillaron dos ojos rojos como la sangre.

-Hola, querida - dijo la figura.

-¿Quién eres? - susurró Tara, alejándose poco a poco hacia la cocina.

El desconocido se dejó bañar por la siniestra luz de la luna llena, y ante Tara se quitó la capucha. Un pelo más o menos como el de White cayó por sus hombros, de un negro más oscuro que el carbón, además, unas alas negras brillaron bajo la luna. Con suaves destellos negros. Sonrió y mostró unos finos colmillos, parecidos a los de un vampiro pero más pequeños.

Tara abrió los ojos claramente asustada y cogió un cuchillo de la repisa, dirigiéndolo hacia él.

-Eres Dark, el gemelo de White.

-Puedes llamarnos los gemelos Pit. - dijo con una sonrisa siniestra y seductora.

Dark se acercó con ligereza y le quitó el cuchillo en apenas un segundo, paralizó a Tara y la sujetó en sus brazos, acercándose mucho a su rostro.

-¿Te gustaría ser la reina del nuevo mundo?

Iba acercando lentamente la mano hacia su pecho, dispuesto a robarle el alma como hizo con el guardia de la ciudad de los ángeles. Pero un filo plateado se cruzó entre ellos, lo que provocó que soltara a Tara, liberándola de su parálisis.

Cuando Tara se levantó, vio a Kyle con una enorme espada delante de ella, estaba protegiéndola de Dark. La miró de reojo.

-¿Estás bien?

-Sí, gracias Kyle.

Dark frunció el ceño, no podía arriesgarse a una pelea contra un guardián tras un uso de poder excesivo como lo fue la invasión. Así que sonrió de manera siniestra y se fue transformado en un humo negro.

Kyle hizo desaparecer la espada y miró a Tara.

-¿Qué intentaba hacer? - preguntó ella.

-Robarte tu alma para usarla de fuente de poder, si la obtiene podría invadir el mundo.

Tara suspiró y lo miró.

-Imagino que tu deber es quedarte en esta casa conmigo... Voy a buscarte una habitación.

-No, yo debo dormir en tu habitación.

Ella lo miró de manera extraña, preguntándose si haría algo extraño.

-Tranquila, no te haré nada malo, solo vigilaré. - dicho esto se convirtió en un gato color crema, pequeño como una caja de zapatos - estaré así si te incomoda menos.

Ella sonrió y lo llevó a la habitación, si no había otro remedio debería acceder, así que le preparó unas mantas en el sillón de su habitación. Y en un suspiro, se durmió, intentando asimilar las increíbles experiencias de ese día...



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