lunes, 10 de diciembre de 2012


Capítulo 4
En lo profundo del bosque
(Parte 1)

Tras unos días explorando los alrededores, White se sintió con más seguridad para ir al fondo del bosque, pero visitando el jardín de Tara, se perdió. Se dio cuenta cuando los árboles del camino se tornaron oscuros y siniestros, y no cantaba ningún pájaro en las copas de éstos. Le vino un largo escalofrío.

Se disponía a irse, pero un picante olor alcanzó sus fosas nasales, era el olor de la sangre. Miró a su alrededor, decidiendo si podría ser alguien en peligro o un asesino... Con alguien en peligro. Ambas cosas requerían su atención, así que se puso a mirar por los alrededores, iba a darse por vencido cuando pisó hierba de color rojo, y un poco más allá yacía descuartizado el cuerpo de un joven de apenas veinte años. A su lado había una niña llorando, arrodillada en el suelo. Llevaba un vestido blanco, ahora manchado de brillante sangre. Su pelo era largo y del color de las hojas de un roble en verano, era largo y le llegaba casi a las rodillas, sus ojos también eran verdes. No tendría más de quince años.

-¿Qué ha pasado? - dijo White.

-Un hombre con un cuchillo ha atacado a mi hermano y lo ha matado... - sollozó.

White miró alrededor buscando algún sujeto en fuga, pero no vio a nadie.

-Quédate aquí, yo iré a buscar a alguien.

Se giró, por un momento se asustó de pensar que la humana le había visto las alas, pero recordó que las llevaba ocultas bajo un abrigo. Andó algunos metros más allá del cuerpo, no había nadie.

-¿Por dónde se...?  - empezó a decir, pero al girarse, la niña ya no estaba.

Iba a ir a buscarla, pero la joven se descolgó de una rama, golpeándolo por detrás.

-Tranquilo, ya has encontrado al asesino...

-¿Tú...?

-Sí, y ahora tú serás el siguiente, te ves joven y suculento.

White, se levantó de tal modo que el abrigo cayó de su espalda, dejando sus aun rojizas alas al descubierto. Pero ya no importaba, pues los verdes y crueles ojos de la niña hacían obvio que de humana, tenía poco.

La joven se abalanzó sobre él con gula, murmurando que las alas serían el postre. Pero White la inmovilizó sin esfuerzo y la paralizó. Era muy débil.

-¿Qué demonios eres?

-¡Nunca te lo diré, gallina gigante! - farfulló.

White frunció el ceño ante la burla.

-No voy a matarte, solo quiero intentar dialogar.

La chica gritó palabras en otro idioma, seguramente insultos, y tras varios intentos inútiles de liberarse, suspiró.

-Me llamo Saya.

-Yo soy White. ¿Qué eres?

-No puedo revelarlo.

-¿Qué haces aquí?

-Tampoco puedo revelarlo.

White, apretó un poco más el brazo, haciendo que la parálisis le provocara punzadas de dolor a la chica.

-¡Está bien!¡Lo diré todo! Pero solo si prometes no interferir en los planes que te cuente.

-Lo veo justo.

Bufó, volvió a farfullar algo en palabras de otro idioma y suspiró.

-Vengo de otro mundo para estudiar a los humanos, para luego alimentarme de ellos y destruir su mundo.

Esa frase fue equivalente a un golpe de maza para White. ¿En serio pensaba que no intervendría en unos planes tan atroces como esos?

-Lo siento, pero rompo el trato. No puedo permitir que hagas tal cosa.

-¿Qué?¡Suéltame!

-¿Has intentado estudiar algo más que sus órganos?

-No. Solo necesito saber si son comestibles.

White suspiró de impaciencia.

-Mira, una idea, te propongo estudiar el comportamiento de los humanos durante unas semanas, para que veas que son algo más que carne. Además en este mundo no solo hay humanos, hay millones de criaturas más. Todas distintas y con hábitos muy diferentes. ¿Quieres al menos ver el comportamiento de algunos de ellos?

Saya gruñó, se mostró claramente reacia a hacer tal cosa, pero al cabo de unos minutos se rindió y miró con desprecio a White.

-Está bien. Pero si no me gustan los pienso destruir igual.

White se encogió de hombros.

-Bueno... Entre los seres de este planeta tampoco se llevan bien todos. Hay mucho odio... - pensó en su hermano y su rostro se tornó frío, pero sacudió la cabeza y se esforzó por sonreír. - Ya debe de ser hora de cenar, ¿Quieres venir?

-¿Qué cenáis?

-Eso suele ser sorpresa, vamos.

Saya caminó miedosa tras los pasos de White, pensó en salir corriendo pero la parálisis dolía mucho y seguramente el joven era más rápido que ella. Así que se resignó y lo siguió hasta los pies del árbol, subieron volando para ahorrar unos minutos. Tara les abrió la puerta con entusiasmo.

-¿Ya estás haciendo amigos? - dijo sonriendo.

-Sí... Algo así... - murmuró White sonriendo, Saya estaba escondida detrás de él.

Kasumi la sacó de un tirón.

-No seas tímida, hay sitio para todos.

Suzumi estaba comiendo unas onzas de chocolate en el sofá, y Kyle miraba a la nueva con recelo, como llevaba haciendo con todos durante días, aunque poco a poco se mostraba más amigable.

Al cabo de unos minutos estaban todos en la mesa, charlando alegremente comentando su día, las fuentes de comida iban aquí y allá repartiéndose en los platos de los presentes, Saya fue la única que no comía nada.

-Saya, ¿No tienes hambre? - preguntó Tara al ver que su plato de verdura estaba intacto.

-No... Es que no sé qué es esto.

-Se llama verdura, ¿Nunca has comido?

-No, solo como carne.

-Ah, entonces puedo prepararte algo, tengo cordero y vacuno, ¿Cuál prefieres?

-Normalmente como de... - tragó saliva - humano.

Un incómodo silencio se apoderó de la sala en un instante, Suzumi se revolvió en su asiento, notando que era la más humana de los presentes. Tara miró a White, y por telepatía le preguntó de donde la había sacado, que le daba miedo. Pero para su desgracia, Saya sabía leer mentes, y triste, salió corriendo de la casa. White fue a buscarla, no sin antes mirar a sus amigos.

-Intento volverla más... "Humana". Intentad no ser tan malos con ella, por favor.

Todos se encogieron de hombros y siguieron comiendo en silencio, dando a entender su negativa, excepto Tara, que afirmó en silencio con una forzada sonrisa.

En ese momento White fue a buscarla, y en la mesa se notó que Suzumi se había ido. En un suspiro, la cena terminó, con White animando a Saya, y Suzumi adentrándose en el bosque profundo.


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