sábado, 15 de diciembre de 2012

Capítulo 4 (Parte 2)

Suzumi se estiró mientras andaba hacia la parte profunda del bosque, no quería seguir cerca de esa psicópata de Saya. Así que un paseo le vendría bien para relajarse. Por el momento no había andado mucho y solo estaba al linde del jardín de Tara, era un espacio lleno de flores y ríos, con escaleras de piedra y grabados de hadas. A Suzumi le gustaba pasear por aquí.

Llegó al final, pero no paró, ya que había visto una especie de conejo ir hacia la parte profunda, era rojo, así que pensó que podría estar herido. Lo siguió hasta llegar a un claro, iluminado por la luna, se quedó mirándola un largo rato y de pronto notó una sensación de sueño, y se durmió en ese mismo lugar.

Al menos, lo intentó, porque unas pocas horas después, cuando las últimas estrellas desaparecían del cielo, notó un húmedo hocico en su frente. Al abrir los ojos, vio que era el conejo.

-¡Vaya!¡No estás herido! - exclamó - Es tu color natural.

Iba a levantarse, pero el extraño conejo le robó el collar que llevaba puesto, y echó a correr, así que la chica fue atropelladamente tras él. Ya iba a dar el colgante por perdido cuando se tropezó con alguien.

-Disculpe señor... - alzó la vista y observó a la persona con la que se había chocado.

Era un joven de unos veinte años, su pelo era de un verde azulado, que parecía brillar sin sol. Tenía una sonrisa cálida pero ausente. Iba vestido con traje y corbata, y un gracioso sombrero de copa alta, adornado con dos cartas de póker. Al mirarlo a los ojos, notó que eran distintos. Uno era del color de su pelo, y el otro era naranja intento, que brillaba como una pequeña bombilla.

-Hola, ¿Esto es tuyo? - dijo el joven, su voz era suave y pausada, cargada de paciencia. De su mano colgaba el collar de Suzumi.

-Sí, ¡Gracias!

Una sonrisa mutua hizo sonrojar a Suzumi, nunca había visto a un chico tan extraño, y realmente le entró curiosidad. Así que tras presentarse, estuvo todo el día hablando con él. Su nombre era Ryu, Ryu Kirishima, y era mago. Lo cual reveló a Suzumi la razón por la que sentía ese extraño zumbido al verle.

Suzumi no había caído en la hora que era hasta que miró al cielo. Atardecía. Así que se despidió y se fue con Tara, donde se relajó al ver que Saya no estaba. Al día siguiente fue a ver a Ryu en el claro del bosque, donde volvieron a pasar varias horas hablando, realmente le agradaba la presencia del joven.

Iban a seguir hablando cuando de pronto Ryu la abrazó, como si le hubieran empujado. Se disculpó muy rápido y se apartó aun más. Luego miró serio hacia un árbol.

-Hikaru, no deberías jugar con muñecos vudú. Es peligroso.

Entonces de aquel árbol bajó un niño de pelo negro y ojos violeta. Como máximo tendría nueve años, y su sonrisa era tan traviesa que te sentías con ganas de hacer travesuras solo de verlo.

-Cállese Ryu, usted es muy viejo para coquetear.

-Pero serás... - susurró Ryu - Suzumi, espera aquí, tengo un asunto pendiente.

Entonces los dos chicos empezaron a correr, Ryu perseguía al niño, que al parecer se llamaba Hikaru. Suzumi se sentó en un tronco, resignada, para esperar a Ryu.

Pasados unos minutos, la chica tuvo un escalofrío, y se levantó, mirando asustada a su alrededor, pero no vio nada.

Iba a sentarse de nuevo cuando logró ver algo, pero casi prefirió no verlo, pues en la espesura brillaban dos ojos de color rojo, que parecían luceros en una noche sin luna.

-¿Quién anda ahí? - dijo ella tartamudeando.

Los ojos salieron de la oscuridad, para dar paso a un joven alto y esbelto, con el pelo tan negro como el carbón, con una mecha de color rojo. Tenia una sonrisa siniestra en la que mostraba dos grandes colmillos.

-Hola, pequeña, ¿Sabes qué hora es?

Suzumi inspiró y miró el reloj, informando de que eran las ocho de la tarde.

-¡Perfecto! - dijo el misterioso chico - Es la hora de la cena, y tu tienes pinta de estar deliciosa.

Suzumi se percató de que las manos del joven estaban manchadas de sangre recién derramada, eso la hizo estremecerse y salir corriendo, pero el chico se transportó a su lado.

-¿Dónde vas? Esto solo acaba de empezar.

-¡Sueltame!

El hombre la acorraló con rápidos movimientos, y sus colmillos se acercaron lentamente a su cuello, mientras Suzumi lloraba del miedo, ya que la había paralizado. Pero notó como el rostro del chico cambió a una punzada de dolor, y ambos miraron detrás de él, y vieron a Ryu sujetando una vara de mago.

-¿Ryu?¿Qué haces atacando a tu maestro? - dijo él, severo.

-No la toques, Kai.

-¿Ahora me llamas por mi nombre? - Kai se acercaba lentamente a su aprendiz - ¿Quieres pelea?

Sin responder, ambos empezaron una lucha corta y desastrosa, en la que Ryu terminó inmovilizado bajo los potentes brazos de Kai.

-¿Sabes cuál es el castigo al oponerse a tu maestro?

Ryu tragó saliva y cerró los ojos cuando Kai sacó su lanza, la cual enterró en su costado sin pensarlo dos veces. Suzumi se quedó horrorizada y cayó de rodillas.

-¡No!¡Ryu! - miró a Kai con desprecio - ¿¡Porqué le has hecho eso!?

Kai la miró indiferente, y puso la mano en la herida, curando a su alumno, que se levantó apenas tuvo fuerzas. Se miraron a los ojos unos segundos, y Kai sonrió, como si hubiese comprendido algo.

-Está bien, ya me voy - dijo -. Entiendo lo que has hecho.

Dicho esto, desapareció. Ryu se acercó a Suzumi, que aun estaba consternada en el suelo.

-Tranquila, estoy bien, el castigo no implica asesinato.

-¿Por qué me has protegido? Era tu maestro.

Ryu desvió unos segundos la mirada, mientras se mordía el labio, luego cerró los ojos y besó a Suzumi con pasión. Ella se quedó tan sorprendida que se quedó paralizada. Cuando se separaron la abrazó.

-Digamos que creo en el amor a primera vista.

Ambos sonrieron tontamente, no sabían que decir, pero el canto de un pájaro alertó a Suzumi.

-Tara me llama para cenar, ¿Quedamos mañana?

-Cuando quieras, Suzumi.


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