jueves, 31 de enero de 2013


Capítulo 6 
No sé quien soy.

White se pasó toda la noche buscando a Saya, la encontró finalmente llorando en una cueva del bosque, comiendo lo que dejó del chico que había matado. White se quedó de pie en la entrada de la cueva, mirándola. Ella le dio la espalda con hastío.

-¿Qué quieres?

-¿De dónde vienes, Saya?

Ella dio un respingo, se quedó mirando el pedazo de carne cruda que iba a comerse y lo dejó, se miró las manos ensangrentadas.

-De otro mundo.

-¿Cuál?

-Yo... No lo sé.

-¿Quién te da las órdenes de destruir este mundo?

-No lo sé... Creo que mis padres.

-¿Crees?

Saya se encogió de hombros y lo miró de reojo, incómoda, luego miró al suelo avergonzada.

-Sí, en realidad no lo sé cierto, solo tengo recuerdos de que es mi misión y que si destruyo todos los mundos a los que vaya podré volver con ellos.

-Eso es muy ambiguo... - dijo White sentándose a su lado, pero a la vez lejos del cuerpo del chico.

-Pero son mis padres.

-No lo sabes. Podrían ser tus verdugos que esperan a que llegues para matarte, podrías seguir destruyendo mundos para siempre sin saber que el tuyo fue el primero que destruiste, podrías no llegar jamás a tu mundo. Pueden ser demasiadas cosas.

Saya suspiró y lo miró, White la observaba sin enfado, pero tampoco con alegría, estaba neutro. No la juzgaba, y eso era lo que hizo sonrojar a Saya, que los tres años que llevaba en ese mundo la habían intentado asesinar más de diez veces. Se sentó mirando al ángel.

-Saya... ¿Quién eres?

Saya se quedó mirando al suelo en un estado extraño, silenciosa. A los pocos minutos alzó la vista buscando los ojos azules de White, éste la miraba silencioso, esperando respuesta. Entonces Saya soltó un sollozo ahogado y se refugió en los brazos del chico, donde lloró durante casi una hora.

-No sé quien soy. Llevo años sin saberlo, llevo casi veinte años vagando por el universo sin saberlo.

White la abrazó con ternura y le acarició la cabeza, buscando consolarla, luego la apartó un poco de él y la miró a los ojos, eran verde esmeralda, más extraños que los de los humanos, sonrió y le dio una palmada en la cabeza.

-Todo saldrá bien Saya, no te preocupes
.
-¿Cómo lo sabes?

-La tierra es distinta a los otros planetas.

-¿Por?

White sonrió aun más ampliamente.

-Te puedo asegurar que los humanos son capaces de todo, no solo ellos, los demás habitantes de la tierra también.

Saya se quedó mirando las alas de White.

-¿Cuántos seres hay en este mundo?

-No lo sé con certeza. Sé seguro el número de seres que no son mágicos que han descubierto hasta ahora, alrededor de un millón setecientas especies, pero no se han descubierto todas, se calculan cerca de diez millones. Además, me atrevería a decir que hay cerca de medio millón más de especies mágicas.

-Vaya, la tierra posee más diversidad que cualquier otro mundo en el que haya estado.

-No solo eso, ten en cuenta que además, por cada especie, habrán como mínimo un millón de individuos de esa especie. Desde animales hasta plantas, pasando por los seis billones de humanos que hay.

Saya se quedó asombrada ante la cantidad de seres vivos que habitaban un mundo tan pequeño, se encogió de hombros.

-Me arrepiento de haber querido destruirlo, porque veo que no solo hay humanos.

-Exacto, ahí quería llegar. Por eso no puedes destruirlo.

La  joven se quedó pensativa un rato, debatiendo en su interior sobre lo que creía conocer hasta ese momento y lo que acababa de saber, sonrió a White.

-Quiero formar parte de este mundo.

-¿Sí? - White sonrió complacido ante el éxito de mostrar su mundo.

-Enséñame como vivir en este planeta. A tener los sentimientos de los humanos, las costumbres. Realmente quiero ser una humana más.

White negó con la cabeza.

-No, no eres humana, si quieres quedarte, debes aceptar tu naturaleza.

-Bueno... Está bien, en realidad no soy asesina.

-¿Ves?

Ambos se miraron y sonrieron, su amistad acababa de empezar y ya se sentían como en casa cuando estaban juntos.

-Dime White, ¿Porqué los ángeles vivís en el cielo y los demás viven en el suelo?

-Porque los ángeles somos mensajeros de un ser superior. Nuestra tierra está aquí, con los seres alados.

-Es extraño, sin embargo los humanos no saben que existís.

-No deben saberlo. La humanidad ha evolucionado de tal forma que no aceptaría algo así.

Saya miró al amanecer, que se veía desde la entrada de la cueva, su mente había descubierto un nuevo horizonte, una nueva idea, sonrió para sus adentros ante la expectativa de su nueva vida.

-Lograré ser terrícola... - susurró.

Ambos seres cruzaron una mirada y una sonrisa. Una nueva etapa se abría para ellos.



Nota: Nótese que he intentado hacer un capítulo "concienciativo" y educativo para que veáis el mundo tan precioso que tenemos :)

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